Diciembre es de: Rin-ne

Rumiko Takahashi es mi autora favorita. Nadie más ha sido tan consistente a la hora de hacerme sentir como en casa cuando leo sus obras.

Takahashi es una experta creadora de personajes entrañables, graciosos y locos a los que mete en la coctelera del humor que es su cabeza. Allí los mezcla con situaciones demenciales y las reglas del mundo de la serie en cuestión y de ahí salen Lamu, Ranma, alguna historia corta… o Rin-ne.

Luego puede hacer comedias románticas más tranquilitas pero igual de entrañables como One Pound Gospel o Maison Ikkoku. O meterse de lleno en el terror malrollero de Mermaid Saga. O quedarse a medio camino de todo (dicho sea en el mejor sentido posible) y sacar 56 tomos de Inu-Yasha.

Es incansable. Una cualidad que me gusta mucho en los artistas que admiro.

La historia de Rin-ne

La premisa es bastante sencilla. Rin-ne Rokudô es un shinigami (dios de la muerte) más pobre que las ratas cuya obligación es encontrar almas errantes a las que ayuda a encontrar su camino hacia la rueda de la reencarnación.

Al otro lado del hilo rojo del destino se encuentra Sakura Mamiya, una impávida muchacha que, por motivos que descubriremos al leer (o ver) la obra, y a diferencia del resto de humanos, es capaz de ver espíritus.

La casualidad es que que ambos acaban compartiendo clase en su instituto y formando equipo (extraoficialmente) y una relación de amistad que parece ir poco a poco encaminándose hacia algo más (sin mucho aspaviento tampoco, más allá de ponerse un poco celosones de cuando en cuando).

Más cosas

Rin-ne

Como más o menos ya he comentado arriba, Rin-ne es ese tipo de serie que más éxito y reconocimiento ha dado a Takahashi a lo largo de su carrera. Es del estilo de Lamu y Ranma, donde se nos presenta unos personajes, un mundo y las reglas de ese mundo donde los personajes vivirán historias autoconclusivas o cortísimas sagas.

Y así, el guión de la historia general, que la hay, queda muy en segundo plano. Muchos podrían decir que la historia no avanza, o mejor, que lo hace a paso de tortuga. Y efectivamente, porque, conscientemente, se le da gran prioridad a estas aventuras cortas y, sobre todo, al humor. Es decir, que la historia avance lentamente ni siquiera es un problema, porque claramente que avance deprisa no es el objetivo. Si queréis grandes argumentos que avancen, en serio, este no es vuestro manga (o anime), pero tenéis otros miles que seguro que os gustan.

Los personajes son los que hacen que una serie de estas características sea un éxito o un peñazo. Y qué os voy a contar, Takahashi es una absoluta experta en este tema. Creando personajazos se siente como en brazos. Es tan, tan experta que puede hasta repetir personajes (Ten, Shippo, Rokumon) y no pasa nada, porque siempre parecen frescos, siempre parecen nuevos. De esta serie destaco especialmente al dúo protagonista, porque me parece poco habitual en el Rumic World.

Sakura

Sakura es el personaje más impertérrito que ha creado en toda su carrera. De carácter ya de por sí tranquilísimo y calmadísimo, al haber estado viendo fantasmas desde bien pequeña, no tiene absolutamente ningún miedo ni se sobresalta (al contrario que sus divertidísimas amigas Miho y Rika, que huyen despavoridas a las más mínima), lo mismo le da ocho que ochenta y, por tanto, es de gran ayuda para Rin-ne en su trabajo. Para desgracia de su compañero de aventuras, su cara de palo hace difícil saber lo que está sintiendo la mayor parte del tiempo, aunque de vez en cuando sí parece albergar ciertos sentimientos románticos hacia Rin-ne, con quien siempre es especialmente amable y generosa.

Por su parte, Rin-ne es un pobre chaval al que le ha tocado en desgracia el peor padre del mundo, gracias al cual vive de manera paupérrima y obligado a trabajar mientras va al instituto, si es que puede. Debido a esto, vive su trabajo de manera abnegada, pero sin perder de vista (normalmente) la profesionalidad y la ética. Para conseguir el mayor trabajo posible, ha instalado en el instituto un buzón a través del cual los estudiantes pueden pedirle ayuda con fenómenos paranormales a cambio de una ofrenda monetaria o comestible. Vamos, que Rin-ne vive dividido entre su deseo de estar con Sakura (aunque no termina de reunir el valor para declararse claramente) y su deseo de no morir de hambre. Al verse siempre en la miseria, es bastante agarrado con la comida y el dinero, llegando a llorar sangre (numerosísimas veces) en ocasiones en las que, por ejemplo, ve comida desperdiciada o se tiene que gastar una suma moderada en un objeto de shinigami.

Me resulta curioso como las parejas protagonistas de los mangas largos de Takahashi han ido calmándose y sentando la cabeza progresivamente, siendo cada vez menos desastres y más responsables. Lamu/Ataru -> Akane/Ranma -> Kagome/Inu-Yasha -> Sakura/Rin-ne cubren prácticamente todo el espectro, y en orden, entre ser un torbellino y el mar muerto. Y todas son divertidas a su manera.

No es lo que parece

Por destacar otros personajes, tenemos a los sencillamente geniales padres y abuela (pero no la llaméis “abuela”) de Rin-ne, que prácticamente siempre nos proporcionan grandes momentos; a la shinigami Ageha, enamorada de Rin-ne pero no correspondida; a la damashigami Renge, que está en el bando malvado de rebote y sin ser una mala persona; al demonio Masato, al exorcista Jumonji, a los gatos negros por contrato Rokumon o Suzu, a la profesora vidente Hitomi… todo muy variado, fresco a la vez que familiar y, por encima de todo, divertidísimo.

Y fin

Rumiko Takahashi comenzó el manga de Rin-ne en 2009 y da la casualidad de que terminó este mismo mes, concretamente el día 13, con ni más ni menos que 40 tomos recopilatorios, de los cuales la editorial Planeta lleva 22 lanzados en España (el 23 llegará a finales de febrero de 2018).

La serie también ha llegado al anime de la mano del estudio Bones, que ha animado tres temporadas de 25 episodios cada una, lo que eleva la cifra hasta unos nada desdeñables (hoy en día) 75 episodios. No parece que vaya a haber más temporadas. Desgraciadamente, el anime no ha llegado legalmente a España, así que tendréis que hacer el Guybrush si estáis interesados. Aunque yo prefiero el manga (traducido con muchísimo salero en Daruma), el anime hace una buena selección de historias y, aunque a veces se me hizo algo sosete (estoy convencido de que sobre todo fue debido a que el único fansub que pude encontrar era ATROZ), cumple bastante bien en cuanto a actuaciones, música y animación.

Si disfrutasteis de los mangas de Lamu o de Ranma, yo os recomendaría darle una oportunidad. Como en estos, una vez todo se establece, se asienta y se van conociendo a los personajes, la diversión y las carcajadas llegan constantemente.

Y esa sensación de estar como en casa.

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