2016

Se va acabando el año y las redes sociales se llenan de mensajes despectivos hacia él. “Hasta nunca, 2016”, “Lo mejor de 2016 es que se acaba”. Yo lo que tengo es un déjà vu, porque siempre se dice lo mismo de todos los años. “Maldito 20xx”. “Maldito 19xx”, si en aquel entonces hubieran existido las redes sociales. “Maldito año, menos mal que aquí viene el siguiente para salvarnos”. Y así cada diciembre.

Los mensajes que más me gustan son, claro, los que aprovechan para hacer buen humor al respecto:

Y el caso es que sí, que todos los años pasan cosas malas y por tanto podrían calificarse como “malos”.  Pero eso es tan obvio y en la mayoría de las cosas tan inevitable que yo, a la hora de juzgar un año cuando acaba, me fijo en cómo han ido las cosas que estaban bajo mi control. En lo que he hecho y en lo que he dejado de hacer. Yo creo que es ahí donde hay que currarse un buen año individual. Y puede que haciendo nuestros años individualmente buenos contribuyamos a que sean generalmente menos malos.

Y 2016 ha sido, para mí, un buen año.

Profesionalmente estoy mejor que nunca, con más conocimientos y más recursos. Este año he hecho tres proyectos de los que me siento especialmente orgulloso, se terminaron los tres dentro de tiempos y con mayor calidad que de costumbre. Además, continúo luchando por intentar relativizar las “urgencias” y por mantener una organización de mi tiempo laboral que me permita conciliar aunque sea un poquito y de momento lo consigo a pesar de los pesares.

Además, fuera del trabajo he conseguido sacar adelante no uno, ni dos, sino tres proyectos más, dos de ellos personales. Y esto me da la vida, especialmente en el primer caso, porque era mi propósito número 1 para 2016:

Qué rebonica

Mi vieja web de Los Simpson y Futurama (más de 16 años, ahí es nada) ha recibido una reconstrucción absolutamente total que ha estado en construcción varios años y que, debido a varios cambios profundos a mitad de hacerla y a que las ganas me iban y me volvían durante largas temporadas, ya parecía “maldita”. Parecía. Es mi obra maestra, en mi nivel y en mi ámbito y, aunque no es perfecta (la iré mejorando en lo que pueda), por fin puedo sentirme plenamente orgulloso de ella. Es un proyecto que muy poca gente podría haber hecho, por el conocimiento que requiere tanto de técnica como de temática. Además, cuento con la ayuda (en parte del diseño y las redes sociales) de dos amigos de los de toda la vida, aunque estemos lejos. ¿Qué más se puede pedir a la hora de cumplir un sueño?

También he abierto el blog que estáis leyendo ahora mismo. Tanto la de Los Simpson como esta son webs que he hecho principalmente por mí. Porque quería y para demostrarme que podía. Por lo que no es de capital importancia para mí que tengan “éxito”. Y entrecomillo “éxito” porque eso es muy relativo. Para mí ya han tenido éxito, porque han cumplido mis necesidades de tener algo creativo propio, de estar en el lugar de los que crean por iniciativa propia, de calmar mis ganas de traducción y de letras en general.

La tercera web no la he hecho yo en solitario, pero con la parte que me ha tocado he podido y continúo pudiendo ayudar a otra de esas amigas de por vida (y lejanas). Eso es genial. ¡Además, es la primera tienda en la que me involucro fuera del trabajo! ¡Con el “cariño” que les tenía! 😀

Por lo demás, he visto las pelis y las series que he querido (la mayoría poco famosas, sí, pero la mayoría me han gustado por mucho que algunos persigan con antorchas a algunas de ellas), he jugado a los juegos que he querido, he puesto o quitado tierra de por medio con la gente que he querido (otra cosa es que esa gente quisiera corresponder. A veces sí, a veces no, ç’est la vie) y he salido “por ahí” todas las veces en las que coincidió que me invitaban y me apetecía (no muchas, porque introversión).

Pero en todo eso ya me explayaré en otros posts, si procede.

¡Feliz 2017!

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