Thimbleweed Park: Regreso al pasado

¿Cuántas veces se intenta en el mundo del entretenimiento recuperar el espíritu del pasado? ¿Cuántos remakes y reboots hay en cine y cómics? ¿Cuántas secuelas de famosas sagas de videojuegos juran y vuelven a jurar que ahora sí, que esta nueva entrega recupera “ese aquel”? Aunque muchas veces no hace ni falta, bastaría con hacer un producto bueno y todos contentos.

¿Pero cuántos lo consiguen? Pocos.

Y Thimbleweed Park es uno de ellos.

Thimbleweed Park cumple lo que promete. El juego, creado por Ron Gilbert y Gary Winnick (creadores de Maniac Mansion) gracias a una financiación mediante Kickstarter (¡No todos los crowdfundings salen mal!), prometió desde el principio una aventura gráfica que nos daría las sensaciones de las aventuras de finales de los 80/principios de los 90. Y sí, prueba superada.

Una historia creativa que te atrapa, que no te lo da todo masticado y que a ratos te conmueve, cinco personajes jugables, seis finales (uno de los personajes puede tener dos distintos), preciosos gráficos de píxel gordote, interfaz de point-n-click con verbos, puzles bien metidos y con una dificultad moderada, una banda sonora de altura (¡y con voces! aunque yo se las quité para aumentar la inmersión en épocas pasadas), contínuas referencias a lo más grande del género (y a la informática de aquella época) y humor y diálogos socarrones marca de casa Gilbert. Esos fueron los ingredientes usados para crear una aventura gráfica clásica casi casi perfecta con la que me he sentido como me sentí la primera vez que jugué al The Secret of Monkey Island, al Maniac Mansion o al Day of the Tentacle. Eso son palabras mayores… pero yo creo que Thimbleweed Park se codea con ellos.

En Thimbleweed Park, un cadáver es el menor de tus problemas.

Y esto en 2017.

Flipo.

Os dejo con mi canción favorita de la banda sonora:

Ah, y nunca paguéis más de 20 pavos por un compu-juego.

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