¿Cuál es tu nombre?

¿Conocéis esa sensación de saber que estás viendo por primera vez tu nueva película favorita? Al entrar ayer en el cine no la esperaba, pero vino. Y muchas veces.

Esta es la típica película que el espectador habitual de cine descarta al instante porque… “¡HORROR! ¡ES DE DIBUJOS! ¡Y ADEMÁS CHINOS! ¡HUYAMOS!”. Que por cierto, es lo que piensan también algunos miembros de la academia de cine estadounidense (los que votan los Oscar, sí). De ahí que vaya a durar un fin de semana (y puede que algún día suelto más) en el cine.

Y es una pena.

Lo curioso es que es un ejemplo perfecto de por qué, a estas alturas de todo, me sigue gustando tanto la animación japonesa. Es por este tipo de películas y series tan, tan, TAN bien hechas, con ese cariño, esa atención al detalle, esa fuerza, esa ambigüedad, esa delicadeza, esa gracia, esa contundencia.

De momento no me voy a explayar mucho más. Ya habrá tiempo cuando salga la edición especial en Blu-Ray y ME LA COMA la disfrute veces y veces en la comodidad de mi casa.

Solo añadiré que ha sido una gozada y un honor haber podido ver por primera vez esta película en una sala de cine a reventar. A reventar de gente que se dejó las palomitas sin comer (nunca había visto tantas sobras en un cine), que apenas hablaba, que respetó los silencios y los momentos de carcajadas, que aplaudió al final… y que no se levantó del asiento hasta que terminaron los créditos y se encendieron las luces. Un público totalmente atrapado por la película, vaya. Muy poco habitual.

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