The Longest Journey

El viaje más largo

Es 21 de agosto de 2016. Aún no tengo blog. Espero que eso se solucione en un futuro cercano, pero aún no tengo.

Sin embargo, tengo ganas de hablar de una cosita y de explayarme bien. Se trata de un viaje que he hecho, que comenzó hace unos 15 años y que he terminado hace tres días… con sensaciones encontradas.

The Longest Journey es una aventura gráfica magnífica. Sé muy bien que hay quien piensa otra cosa, pero a mí me cautivó como pocas. No es simplemente cosa de “la época” o de “la nostalgia” porque, al anunciarse la tercera y definitiva parte en 2014, volví a rejugarla y me gustó aún más que el resto de veces. Es, a grandísimos rasgos, la historia de una chica que se ve forzada a hacer algo importantísimo y que cambiará su vida por “el bien de los mundos”, aunque ella no lo quiere hacer.

April Ryan, que así se llama la chica, es una amante del arte y artista en aprendizaje que vive por su cuenta en un apartamento en un pueblo llamado Venice, en Stark, el mundo de la ciencia. El pueblo es bastante cuco, pero se ve castigado por una industrialización algo mal entendida o mal cuidada. El mundo de la ciencia tiene un mundo hermano en el que reina la magia, Arcadia. Cuando la “normalidad” de la vida de nuestra protagonista se venga abajo, tendremos que atravesar varias veces la división entre ambos mundos para llevar a cabo nuestro objetivo de restaurar el equilibrio roto entre ellos.

April tiene cierta tendencia a la verborrea incontrolable y también tiene el don de encontrar gente… que habla todavía más que ella, incluso a veces de cosas que no tienen nada que ver con la historia. Y por si fuera poco, April también va escribiendo un diario a lo largo de su aventura. Es decir, el juego tiene mucho texto. Mucho. Muchísimo. Y sí, tiene partes en las que no tienes otra cosa que hacer más que leer y escuchar durante 10 minutos una historia sobre el Equilibrio entre los mundos, alguna civilización perdida en el quinto pino o la última profecía con la que acaban de relacionar a la pobre protagonista. Entiendo que esto pueda llegar a ser insoportable para muchos, pero a mí me parece una historia tan interesante, que está todo tan bien contado y que los personajes están tan bien hechos que por mí podría haber tenido el doble de texto, no pasa nada, tienes mi interés, quiero saber cosas.

Pero por encima de todo, si soporto cualquier “rollo” que me vayan a echar es también porque el juego está equilibrado. Hay texto, pero también hay juego. Y me estoy divirtiendo. Estamos ante una aventura gráfica de corte clásico, con su point & click, sus gráficos de polígono basto (los personajes ya estaban modelados en 3D), sus diálogos de aventura gráfica y, sobre todo, sus puzles de aventura gráfica. Quiero hacer hincapié en esto porque volveré más tarde al asunto: The Longest Journey es un videojuego con todas las letras, una aventura gráfica con todas las letras que además es, por sí sola, muy larga.

Infiltramiento en territorio enemigo típico de aventura gráfica clásica.

Y al final, hablando tanto como April, pensando tanto por April y escuchando tantas cosas como April, el juego consigue una inmersión total. Con este juego no solo conozco a la protagonista, no solo le cojo cariño a la protagonista; con este juego yo soy la protagonista. Yo fui April Ryan.

Cinco años después llegó la cruz de todo producto artístico que alcanza el suficiente éxito: una secuela innecesaria e inicialmente no planificada, o eso me parece ya a posteriori. A ver, Dreamfall: The Longest Journey me parece un buen juego, con una historia que aún es interesante y que tiene sus momentazos, pero cambian tanto los personajes, la historia, el sistema de juego (con momentos de acción y sigilo lamentables y metidos con calzador) y, en general, las sensaciones, que parece más un spin-off que una secuela. ¡Si hasta le cambiaron el nombre a la saga!

En Dreamfall, la protagonista pasa a ser una trinidad formada por Zoë Castillo (THE DREAMER), Kian Alvane (un soldado de los Azadi, que están conquistando Arcadia para sus cosas) y una April Ryan tan hastiada de la vida que ya no parece ella y que ha estado años viviendo en Arcadia como soldado de “La revolución” (contra la invasión de los Azadi). La historia prácticamente se olvida de la historia del primer juego, del equilibrio entre Stark y Arcadia, de los Draic Kin, del Guardián del Equilibrio e introduce otro elemento que se come todo lo demás: el mundo de los sueños, del que Zoë es la nueva ama indiscutible.

O April, where art thou?

Aparte de tener una historia interesante, Dreamfall hace una cosa muy, muy bien: el ambiente que te genera en ciertos momentos en concreto. Hay momentos de inmersión tremendos, de forma distinta a como lo hacía The Longest Journey, pero sensacionales por sus propios méritos. Por poner un par de ejemplos, disfruté muchísimo visitando con Zoë la antigua y ahora escalofriante casa de April o los sueños que tiene con cierta otra casa en medio de la nada, especialmente cuando pude interactuar con el sueño. Es una pena que estos momentos sean esporádicos.

Dreamfall

Sobre los personajes jugables, April es tan distinta que directamente y salvo momentos muyyy puntuales no te da la sensación de estar jugando con ella y, si bien su nueva personalidad tiene sus momentitos de “como mola”, en general se convierte en un personaje triste que espera eternamente el momento que le redima en un lugar al que no pertenece. Es hasta deprimente, no se merecía esa evolución. Y Kian… bueno, su historia tiene su interés, pero más de una vez me preguntaba que por qué era importante que yo manejara a este tío.

Sobre el trío protagonista destaca, por tanto, Zoë, que es a quien manejamos durante la mayor parte del tiempo. Y, para su desgracia, una parte grande de su historia cojea cosa mala. Sin entrar en spoilers gordos (aunque es un juego que ya tiene 10 años y algún comentario sobre el final sí me permitiréis), Dreamfall no termina. Los dos objetivos principales de Zoë quedan totalmente en el aire. Dejaron tantos y tantos cabos sueltos que a esto no se le puede llamar juego completo.

Y tendría un pase si la saga hubiera continuado inmediatamente con un juego uno o dos años después… pero el tercer juego, Dreamfall Chapters, tardó ocho años en llegar y no se completó (las maravillas de los juegos por episodios mal planeados) hasta diez años después de esa segunda parte. ¿Os fastidian los cliffhangers entre temporadas de una serie que os encante? ¿Qué os parecería un cliffhanger de ocho años? ¿Y qué tal si después de esos ocho años la última temporada no contesta todas las incógnitas de la anterior, sino que además introduce incógnitas nuevas que ya nunca se van a resolver (en caso de que tengan solución)?

Porque eso es lo que pasa con Dreamfall Chapters. Para haber esperado tanto tiempo, la historia da ciertos tumbos que parecen haber sido pensados en el último momento, entre episodios o incluso justo antes de ponerse a programarlos. Este juego tiene lo que se intuye como una gran historia que sufre mucho por la forma en que es contada y por ciertas decisiones puntuales que deberían hacer ruborizarse al guionista más pintado.

Dreamfall Chapters
WTF is this

—– Spoilers a partir de aquí y hasta el aviso unos cuantos párrafos más abajo —–

El dúo de jefes finales de una saga con un universo tan enorme… da un poco de risa. Los dos han aparecido en los tres juegos, pero uno de ellos no solo es alguien que en ningún momento parece tan malvado como para hacer lo que hace (en el primer juego era un gran tipo que además tenía ciertos valores inquebrantables), sino que además ayuda a los protagonistas en varias ocasiones hasta poco antes del “enfrentamiento final” (como suena, en el último juego aparece de repente y ayuda activamente a desbaratar sus propios planes). El otro, en el segundo juego y parte del tercero no era más que un bufonesco alivio cómico, hasta que… ¡tachán!

Dreamfall Chapters
WTF is that

Y eso no es, ni de lejos, lo peor… este juego introduce un nuevo personaje (apenas) jugable, Saga (así se llama la colega), que se mueve por los mundos mediante un procedimiento apenas explicado llamado Songlines (por si no había suficiente ya con los portales y los sueños), que podría o podría no ser la reencarnación de alguien importante de la saga (ni ella lo sabe) y que… en fin… alardea de ser un Deus ex Machina más grande que Asia y más que América. Tanto que varias veces dice, a viva voz y cuando el juego va tocando a su fin, cosas en la línea de “estoy aquí porque alguien me ha dicho que venga y haga esto para salvarnos a todos, está así escrito y no se puede cambiar”. No es una exageración, pasa tal que así. Es tan flipante que hasta los otros personajes le preguntan que quién leches es, que de dónde leches ha salido y que por qué leches hace lo que hace, y ella contesta esas cosas. Y es muy triste. No deberías permitirte montar tal mundo y tal trama súper intrincada a lo largo de tres juegos y 15 años y luego terminar así amparándote en misterios baratos que no parecen ir a ningún lado.

NOW SHUSH… no sea que hagas más grande el agujero argumental.

La tercera entrega no está tampoco falta de momentos espectaculares. Destaco la escena de Zoë en Dreamtime salvando a la gente de sus pesadillas en plan superheroína, otra suya en su habitación del “hospital” con recuerdos falsos (y su posterior huida) y muy especialmente ese epílogo en la House of All Worlds que vincula (no del todo) la historia de los tres juegos y que, gracias al ambiente, los diálogos y las interpretaciones de los personajes que aparecen en él, es de lo más emocionalmente potente que he jugado en mi vida.

—– FIN de los spoliers —–

Al principio hablaba de que The Longest Journey es un juego y una aventura gráfica con todas las letras y que más tarde volvería a ese asunto. Y es que este es uno de los aspectos que más me ha decepcionado de las secuelas: No es que Dreamfall y Dreamfall Chapters apenas puedan llamarse aventuras gráficas, es que apenas pueden llamarse videojuegos. Película interactiva sí, pero videojuego a lo mejor les queda un poco grande. Ya no hay equilibrio entre vídeos/diálogos y juego. El aspecto jugable se resume en correr por las ciudades buscando sitios y ver vídeos. Zoë y Kian son meros correveidiles. Y lo de buscar los sitios te lo complican con mapas reguleros, poniéndolos lejos y escondiéndolos un poco para alargar la cosa al tuntún sin contenido. Los dos momentos más sangrantes son curiosamente los dos con Kian, uno en el que el juego te hace activar una palanca entre dos vídeos y otro en el que, para remar en un bote, ¡el juego te hace ir dándole clic al ratón! ¡Y nada más! ¡No hace falta que sigas un ritmo! ¡Ni siquiera diriges el bote! Y eso no es jugar.

Ey, ¿me ayudas a remar dándole click al ratón?

En el caso Dreamfall Chapters, podríamos decir que es una mezcla entre una película interactiva y un libro de “elige tu propia aventura”, ya que las decisiones que tomas repercuten realmente en el desarrollo y en detalles del final de la historia. Por ejemplo, puedes elegir el trabajo de Zoë, su implicación en el partido político al que ayuda o si engaña a su novio con su psicólogo, lo que tiene consecuencias reales en la historia. No tienen repercusiones demasiado grandes en el final (nada en plan BAD END de la típica visual novel japonesa), pero aún así, por ese lado está muy bien conseguido.

Y eso es todo, creo. Me temo que al final he sonado bastante más negativo de lo que pretendía. Supongo que tiendo a explayarme más con los aspectos negativos, pero desde luego, la saga entera en general me ha gustado. Me ha gustado jugarla, solo es que la saga en general podría haber dado de sí algo de mucha más calidad. Pero bueno, me he dado cuenta de que, si tomo las secuelas como un spin-off o como una historia alternativa en otro universo, la imagen de los tres juegos mejora en mi cabeza. De esa manera, The Longest Journey no sufre de unas continuaciones que sencillamente no están a la altura (¡y además funciona perfectamente como juego en solitario!) y las secuelas se salen un poco de la alargada sombra de su predecesor, brillando un poco más.

Por cierto, los dos primeros juegos cuentan con traducción y doblaje al castellano, pero lamentablemente por equipos de traducción y doblaje distintos, por lo que tanto los conceptos (Equilibrio pasa a ser Balanza, por ejemplo) como las voces de los personajes que repiten cambian. Dentro de lo malo, relamente ambos son grandes doblajes, pero me quedo con el primero, principalmente por unos enooormes Conchi López como April y Carlos Ysbert como Cortez. El tercer juego, sin embargo, no está traducido ni doblado al castellano, pero cuenta con subtítulos en inglés. Están preparando la “edición definitiva” para 2017, así que puede que añadan algún otro idioma hablado o subtitulado (edit: pues no).

Me acabo de dar cuenta de que no he hablado de dos de los personajes más divertidos que me he topado en mi vida videojueguil: Cuervo, que sale en los tres juegos y Enu, del último. Que en cuanto al humor que producen son básicamente el mismo personaje, pero son tan divertidos que se lo perdono.

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