Ya no mires más

“Tu vida irá cambiando si esta serie ves”, dice la canción de la serie de “Una serie de catastróficas desdichas”. Y precisamente uno de los cambios más grandes de mi vida llegó mientras la veía. Será coincidencia, claro, pero si no lo fue y llego a saberlo… también la habría visto. No es plan, perderse esta maravilla por minucias como esa.

Nuestros tres protagonistas son jovencísimos, exorbitantemente inteligentes y se llaman Violet, Klaus y Sunny Baudelaire. Un día, mientras se divierten en la playa, reciben una de las noticias más terribles que se pueden recibir: su casa se ha incendiado y sus padres han muerto en ella. Es “Un mal principio”, desde luego, pero solo es el principio. Desde ese momento, y aunque parezca difícil, absolutamente todo va a peor para ellos.

Los huérfanos Baudelaire en la serie de Netflix

Si no queréis saber cómo, es comprensible. Seguro que hay un montón de blogs con artículos bonitos y felices que deberíais leer en lugar de este. Podéis dejarlo aquí.

Pero el caso es que los tres huérfanos lo han perdido todo, excepto la enorme herencia monetaria que sus padres han dejado a cargo de la hija mayor, Violet. Sin embargo, no podrán disponer de ella hasta que alcance la mayoría de edad. Dinero. No les queda nada excepto dinero que no pueden usar. ¿Para qué sirve eso? Pues para que alguien te lo quiera robar.

Y aquí entra la mayor pesadilla de estos niños: El Conde Olaf. “Pesadilla”, una palabra que aquí significa “un actor pésimo, cruel e increíblemente mezquino que perseguirá a los huérfanos sin descanso para robarles la herencia y, después, matarles”.

El Conde Olaf en la película

Las catastróficas desdichas no se pueden evitar y no dudarán en cebarse cruelmente contigo si les apetece. No hay límites para el drama. Y no solo eso. También están dispuestas a seguirte a dondequiera que vayas. Intentarán disfrazarse, aunque no muy bien, pero si quieren, allí estarán.

Así que hay que estar preparados y no rendirse nunca. Los huérfanos Baudelaire son expertos en estar sobradamente preparados y en no rendirse nunca jamás. A base de recibir noticias prácticamente inasumibles sin parar se convierten casi en dickensianas máquinas de encajar golpes. Pero, a diferencia de las máquinas, su inteligencia no es artificial. Comprenden su situación, la aceptan como buenamente pueden y, al instante, comienzan a tramar el plan para salir de ella. Qué sobrecogedor resulta ver a Violet con cara de resignación total recogiéndose el pelo para ponerse a pensar con determinación. Frente a las catastróficas desdichas, la voluntad de vivir, de llegar a “algo mejor” siempre resurge con ellos.

Esta es una de las no tan habituales historias en las que la inteligencia y el tesón de los personajes son premiados y salen triunfales. Esto no es una sitcom. El problema es que la inteligencia no es exclusiva de los héroes y los pequeños triunfos se van repartiendo entre los huérfanos y el Conde que, si bien ni se acerca al nivel de los niños, su inteligencia es más que suficiente para engañar al resto de personajes con extrema facilidad.

El resto de personajes. Normalmente tienen buenas intenciones para con los huérfanos, pero son absolutamente idiotas, increíblemente cándidos y/o ponen su propio beneficio por delante de todo. Y si alguno no entra en esa descripción, no tardará en morir o en quedarse sin posibilidades de hacer nada. Tal cual. Así que esta es una piedra más en el camino de los niños: cada uno de ellos solo tiene a los otros dos, no pueden confiar absolutamente en nadie más y lo saben perfectamente… y el Conde Olaf, también.

Arthur Poe en la serie de Netflix

Se me pasaba deciros que esta historia tiene mucha comedia. Pero no, esto no es una sitcom, aquí no hay cuatro colegas en una habitación que van soltando como una rutina de chistes, esperando a que el público deje de reír antes de cada turno. La comedia de esta historia nace de su propia narración, del absurdo de las situaciones, de las reacciones, de los disparatados salires de “el resto de personajes”, de las sentencias que suelta el Sunny, el bebé (sí)… es un humor que puede ser serio, absurdo, siniestro, incómodo, negro y absolutamente genial, o todo a la vez.

La obra original

“Una serie de catastróficas desdichas” es una serie estadounidense de 13 libros que se publicaron entre 1999 y 2006. Ya está finalizada. Su autor, Daniel Handler, utilizó el seudónimo de Lemony Snicket con el que además se introduce en la historia como narrador y “biógrafo” de los huérfanos Baudelaire. Snicket no deja de advertir a los lectores de lo terrible que es la historia que están leyendo y que, directamente, no deberían leerla y sí ocupar su tiempo con algo más agradable. Esto lo hace incluso en las sinopsis de las contraportadas de los libros.

Toda la narración es machaconamente pesimista y cualquier cosa que parezca un giro a mejor en las vidas de los huérfanos es rápidamente aplastada por el narrador.

Otra característica de su forma de escribir es que muy habitualmente, ya sea a través de su personaje o de otros, explica significados de palabras aunque no haga absolutamente ninguna falta. El significado puede ser el genérico o ser aproximado y adaptado a algo que está sucediendo en la historia en ese momento, como he hecho yo mismo antes con la palabra “pesadilla”. Para introducir las definiciones siempre utiliza la frase “una palabra que aquí significa” y a veces los niños se molestan un poco cuando alguien se lanza a explicarles el significado de una palabra que ellos ya conocen.

Los títulos de los libros en orden son: Un mal principio, La habitación de los reptiles, El ventanal, El aserradero lúgubre, Una academia muy austera, El ascensor artificioso, La villa vil, El hospital hostil, (a partir de aquí inéditos en España) The Carnivorous Carnival, The Slippery Slope, The Grim GrottoThe Penultimate Peril y The End.

Entre 2012 y 2015, Handler publicó, también bajo el seudónimo de Snicket, una nueva tetralogía de libros llamada “All the Wrong Questions”, que trata sobre la joventud de Lemony Snicket y sirve como precuela de “Una serie de catastróficas desdichas”. Los títulos de esta serie son Who Could That Be at This Hour?, When Did You See Her Last?, Shouldn’t You Be in School? y Why Is This Night Different from All Other Nights?

La película

A principios de la década de los 2000, Nickelodeon compró los derechos de la saga de libros para comenzar lo que prentendían que fuera una saga de películas. La cinta iba a estar dirigida por Barry Sonnenfeld, guionizada por el propio Daniel Handler y protagonizada por Jim Carrey como el Conde Olaf.

Tras una serie de típicas movidas hollywoodienses, la película llegó a los cines en 2004 y lo único que conservó de esa primera idea fue Jim Carrey (nada mal, oye). La dirección había pasado a manos de Brad Silberling y el guión, a las de Robert Gordon, que al parecer dejó “muy poco” del guión ya completamente escrito por Handler. Afortunadamente no hubo rencores, o al menos no muchos, ya que Handler participó interpretando a Lemony Snicket en los audiocomentarios de la película en DVD.

El plantel de protagonistas de la película fue completado por Emily Browning (Violet), Liam Aiken (Klaus) y Kara y Shelby Hoffman (Sunny) y en la película participaron otros pesos pesados de la industria como Meryl Streep (la tía Josephine) y Jude Law (voz de Lemony Snicket). Todos ellos y el resto de actores cumplieron a la perfección con sus papeles.

Hay que atesorar los breves momentos de felicidad…

La película adapta con bastante fidelidad las tres primeras novelas de la saga. Y la fidelidad se queda en “bastante” porque, debido a la estructura episódica de las novelas, hubo que reordenar algunos eventos y añadir otros (pocos) para que la estructura de la película fuera más consistente. Por mí aquí no hay nada que objetar, la película tenía que funcionar como película independiente, por sí misma, y desde luego que los cambios ayudan, por ejemplo, a que la película tenga un final más potente que si hubieran respetado perfectamente el orden original de los hechos. Realmente la única pega que le pongo a los añadidos es que quizás la película acaba “demasiado feliz”, teniendo en cuenta el tono de la obra original y especialmente a esa altura de la historia.

No sé cómo hubiera sido la película de haber conservado el primer equipo, lo que sí puedo decir es que la película que resultó me encanta, con un tono y unos personajes clavados a los de los libros y con su ambiente sombrío, gótico y steampunk que le queda como un guante a esta historia. Y protagonizada por mi actor absolutamente favorito. ¡Qué mas quiero!

La película no fue un exitazo tremendo, pero sí lo suficiente como para justificar al menos una segunda entrega que casi se hizo pero no. Entre más movidas hollywoodienses el tiempo pasaba, los actores infantiles crecían más allá de sus papeles y, en definitiva, la saga se quedaba en película única.

La serie

El segundo intento, trece años después. Netflix y Paramount anunciaron que habían adquirido los derechos de la serie de libros y que se disponían a hacer una adaptación en forma de serie. Dieron plenos poderes a, entre otros, Daniel Handler y Barry Sonnenfeld y a la segunda fue la vencida para ellos.

En enero de 2017 llegaba a la plataforma Netflix la primera temporada de esta nueva visión de la historia en acción real y es todo lo que yo, como fan de la serie de libros y la película, deseaba y esperaba. Además de conservar un estilo visual y narrativo bastante parecido al de la película, realmente una serie de Netflix, con sus capítulos de duración variable, parece el medio perfecto para adaptar esta historia, ya que puede tomar exactamente el tiempo que necesite en desarrollar cualquier aspecto de los libros mientras que, al mismo tiempo, no le hace falta alterar órdenes de los eventos para funcionar mejor. Esta serie es increíblemente fiel al material original, casi hasta el punto de recitar algunas frases del mismo palabra por palabra.

El elenco, claro, ha cambiado. Ni para bien ni para mal, sino para distinto y por lo general manteniendo el nivel. Neil Patrick Harris es ahora el conde Olaf y está como pez en el agua en lo que podría ser su interpretación estrella en lo que lleva de carrera (¿Barney? ¿Qué Barney?). Los niños, que los tres parecen más jóvenes que en la versión cinematográfica, son ahora Malina Weissman (como una Violet que parece casi clon de la de Emily Browning pero con gustos estéticos menos góticos), Louis Hynes (Klaus, que esta vez sí lleva de contínuo sus características gafas) y Presley Smith (Sunny). A destacar también que esta vez Lemony Snicket narra apareciendo en pantalla, interpretado por Patrick Warburton.

¡Estoy viendo doble, CUATRO VIOLETS!

De momento contamos con una primera temporada de 8 episodios (de, aproximadamente, entre 45 minutos y una hora cada uno) que adaptan en su totalidad las primeras cuatro novelas. La idea de los productores de la serie es adaptar los libros 5 a 9 en una segunda temporada de 10 episodios y conseguir luz verde a una tercera temporada con la que finalizar la adaptación con las historias de los libros 10 a 13. Y todo rodado lo más deprisa posible, claro, que los niños nos crecen deprisita.

De momento vamos por buen camino… lo cual no es una buena noticia en absoluto para nuestro trío de huérfanos favorito:

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