Ch-ch-ch-ch-Changes

“Changes”, de David Bowie, pero interpretada por The Muffs para darle un girito al post.

Los cambios siempre llegan. Y no tienen por qué ser malos. Pueden ser oportunidades de ver cosas desde otros sitios.

Y ahora que el polvo ya se ha depositado y que todos los papeles están rellenos y dejados en sus respectivos lugares…

Esta debe ser de 2009/2010, porque ya tenía dos monitores y el ordenador no era portátil. Me suena que la saqué poco antes de irme de vacaciones veraniegas. Asuka y Alice como fondos de pantalla.

Hace unos días, la empresa en la que llevaba 8 años y pico trabajando cerró/fue reestructurada y, entre algún otro, mi puesto fue “extinguido” (me mola más con eufemismo) y no “transformado”. Qué le voy a hacer, al menos me queda que ha sido cosa de las circunstancias y, sobre todo, que yo he cumplido.

Septiembre de 2012, poquito antes de desmontar el puesto para la mudanza al nuevo local de la empresa. ¡Ya tenía los monitores y el teclado con los que terminé!

Es la primera vez que me pasa algo así (era mi primer trabajo), llevaba mucho tiempo y además no lo vi venir (justo después de mi mejor año), así que supongo que esta sensación tan rara que tengo desde entonces será lo normal y que habrá que ir domándola y punto. Ya está muy atenuada, de hecho. Una especie de mezcla de impotencia, ansiedad, melancolía, enojo, desconcierto, deseo e intensidad (premio para el que pille la referencia 😉 ). Aunque también es verdad que entre viajes, viajecitos burocráticos al estilo “Las 12 pruebas de Astérix”, papeleos, ganas de socializar y búsqueda de más papeles por los lugares más recónditos también he estado bastante entretenido. Hay que disfrutar del momento por muy raro que sea.

Agosto de 2015. Así dejé mi puesto al irme de vacaciones de verano.

Adornando el texto he puesto fotos de varios de los puestos que he ocupado a lo largo de estos años. En ninguna sale gente en primer plano (porque no sé quién querría salir aquí y quién no), pero la gente es, precisamente, lo que daba el sentido a esas mesas y paredes. La gente auténtica, digo. Esa gente es lo que más valía la pena y lo que más estoy intentando conservar, aunque sea de otra manera. ¡Muchas gracias a quienes lo intentan conmigo!

Septiembre de 2015. De cuando estaba en “La Cueva” (al fondo a la derecha) y se estropearon las luces de arriba.

Y en fin, dicen que lo que no te mata te hace más fuerte, así que a fortalecerse (sé que hay ejemplos que contradicen el refrán pero shhhh). Yo creo que ahora soy, en general, mucho mejor que cuando empecé en mi exempresa y cuando empiece en otro sitio quiero ser también mejor de lo que soy ahora. Entre otras cosas, estaré preparado por si vuelve a pasarme esto. Así que ahora toca aprender de la nueva situación, descongestionarme de todo el jaleo, recuperar ganas y energías, aprender más… y lo que toque. Por mí y por la gente que está a mi lado en estos momentos.

¡A por la próxima aventura de mi Grand Line particular!

Mi penúltimo cambio, en 2016. Me gustaba tener la ventana al lado. Se puede ver el “chino” en el que comimos de tupper como un millón de veces.
Mi puesto final, un día después de mi último. Ya no estaban ni mi ordenador, ni mi teclado, ni uno de mis monitores (xD) pero ahí fue donde terminé.
Una última fotita en la recepción, con el Homer que me ha acompañado durante (casi) todos estos años.

Por cierto, no creo que nadie se lo haya preguntado, pero si el ritmo que llevaba el blog se vio abruptamente cortado fue por esto. Espero ir recuperando ganas y ritmo poco a poco.

Han dicho una cosa sobre “Ch-ch-ch-ch-Changes

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