Febrero es de: Dagashi Kashi

Antes de nada, sacaré este elefante de la habitación: Dagashi Kashi no es una gran serie. Entró en el calendario porque es agradable, bastante graciosa en ocasiones, muy curiosa casi siempre… y por encima de todo porque esa imagen promocional de la serie me encanta (¿cómo voy a decirles que no a esas caras de Saya y Hotaru?). Pero, desde luego, no tengo muy claro que por pura calidad mereciera un puesto en esta especie de “Top 12 de mi anime de 2016”. Igual hago un día una entrada sobre series damnificadas.

Dicho esto, Dagashi Kashi es una buena serie. No me arrepiento de haberla visto porque, además de lo que ya he dicho antes, es muy distinta a cualquier otro anime que haya visto. Y es un distinto bueno.

¿Qué será esta mierda?

Al lío. Febrero es de Dagashi Kashi (literalmente sería algo así como Caramelos baratos). Kokonotsu Shikada es un chaval que vive con su padre en un pueblecito rural, en un pequeño edificio en el que también tienen una pequeña tienda de chucherías. Él, aunque ayuda, pasa un poco de la tienda y quiere dedicarse a dibujar manga, mientras que su padre quiere que le suceda heredando la tienda. También tiene unos amigos de la infancia, los hermanos Saya y Tō Endō, que ahora tienen una cafetería en el pueblo. De repente, llega el torbellino conocido como Hotaru Shidare, quien tiene la extraña misión de convencer a Kokonotsu para heredar la tienda de su padre (a lo largo de la serie se descubrirá por qué).

Hotaru te ofrece una cosa que te dará dolor de estómago sí o sí. Pero no vas a poder decirle que no.

Bien, a partir de aquí (lo que he explicado es básicamente el primer episodio), la serie se olvida casi por completo de esta premisa y pasa a ser un gigantesco anuncio del caramelo japonés que toque en cada momento. Prácticamente todos los episodios siguen la misma estructura: Llega Hotaru, presenta uno o dos caramelos típicos japoneses apasionadamente pero sin que venga mucho a cuento y ella y Kokonotsu (a menudo se les unen Saya y Tō) hablan sobre él durante 10 minutos, incluyendo cosas como curiosidades sobre su creación, instrucciones para comérselo (sí, para algunos hace falta), sabores, ingredientes, pros y contras… ¿Entendéis ahora por qué decía que era distinto a todo lo que había visto?

Y no está mal, porque la serie tiene la gracia suficiente para hacer esto entretenido. Los caramelos existen realmente y los hay muy curiosos (he llegado a comprar alguno para probarlo solo porque salía en la serie. También hubo tiendas que hicieron packs de caramelos que salían la serie). La animación y los personajes (diseños y personalidades) son buenos, agradables y divertidos y la serie no renuncia a algún momentillo picantón de vez en cuando (más por dobles sentidos que por otra cosa), pero realmente sin llegar a destacar especialmente en ninguno de los aspectos salvo, quizás, en la animación, en el colorido y en el diseño de Hotaru, que es de esos que quedan en la memoria.

Los protagonistas ante la tienda de chucherías.

La serie es la adaptación, al parecer con bastantes licencias, del manga original de Dagashi Kashi, que comenzó en junio de 2014 y a día de hoy sigue en publicación. La vi al día con Japón entre el 8 de enero y el 3 de abril de 2016 y decidí verla porque parecía curiosa y graciosa y, sí, también por la imagen promocional de las caras graciosas de las chicas, para qué negarlo.

La serie no está licenciada en España, así que si queréis verla os toca surcar los mares de Internet a lo Guybrush.

Os dejo con Hey! Calorie Queen, el ending de la serie que cuenta con una canción pegadiza, un bailecito hipnótico y referencias contínuas a Alicia en el País de las Maravillas, qué más queréis:

(No puedo creer que haya podido escribir tanto sobre esta serie)

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